La noción de fracaso es un asunto y un instrumento que se ha convertido en el diario vivir en las organizaciones...
Por: Eliana M Restrepo Chebair
Llega el domingo y María Vélez se pone densa. Algo la inquieta. Solo pensar que mañana tendrá que ir de nuevo a su trabajo le impacienta. Dejó de ser feliz desde hace tiempo y sostiene su trabajo por necesidad.
Trata de evitar a su jefe lo que es difícil porque es una rutina diaria. Le animan los pequeños espacios de café ligero con sus amigas y busca que su trabajo tenga sentido.
A pesar de lo mucho que hace y lo bien que piensa que salieron las cosas...Su jefe siempre se encarga de que ella note el vaso medio vacío, las 10 gotas que le faltaron al vaso.
La noción de fracaso es un asunto y un instrumento que se ha convertido en el diario vivir en las organizaciones. Jefes que trasladan la sensación de derrota como excusa para pedir más de sus trabajadores y lograr las metas a presión en un estilo de una jefatura anticuada y poco compasiva.
Pese a que se habla cada día de la importancia del bienestar laboral y surgen cada vez más teorías de moda sobre desarrollo organizacional, muchas recicladas de otras del pasado, que incluyen el clima y el bienestar laboral, las empresas se gastan millones de pesos en consultorías para mejorar sus enfoques de productividad, pero, ¿Quién las pone en práctica?
Felicidad laboral
¿Quién se atreve a hablar de este tema? ¿Quiénes han probado que motivar a sus equipos genera no sólo más resultados sino alimenta climas "ecológicos' donde pasar la mayor parte del día tiene su recompensa?
Empleados que cumplen su labor con pasión transmiten su optimismo y estarían dispuestos a todo por lograr los objetivos colectivos. He conocido varios de ellos, son seres excepcionales que lo logran porque además de sus excelentes condiciones personales están motivados y dirigidos por líderes asertivos que cuidan de ellos brindando condiciones apropiadas para trabajar.
Los reportes que a menudo producen las evaluaciones de salud de los trabajadores en las organizaciones son pasados de largo por el análisis de las gerencias, que ponen más cuidado a los indicadores de productividad que a quienes generan la productividad.
A un lado quedan estos reportes "estadísticos" de sus empleados con enfermedades gastrointestinales, gripa, problemas articulares...que ocurren frecuentemente y por las que algunos empleados piden incapacidades y en la mayoría de las ocasiones "dejan así", naturalizando sus síntomas que más tarde se convierten en síndromes de fatiga o enfermedades crónicas cuando ya el empleado tiene una edad más avanzada.
Las incapacidades frecuentes no son analizadas en realidad, y menos aún las causas de las enfermedades en crecimiento de los trabajadores resultado de un clima laboral y de las demandas a los empleados solicitadas muchas veces haciendo caso omiso de su estrés y cansancio.
Una oficial de campo de una organización social me comentaba: "estoy paralizando mis brazos y mis manos", esta profesional llevaba expuesta varios años a un estrés constante y sus metas parecían nunca lograrse.
La productividad organizacional y el anhelo de organizaciones altamente eficientes no tiene nada de malo. El problema es cuando se cubre el déficit de gerencias sin formación en liderazgo y se cubre con el subsidio energético de los empleados.
Entonces el trabajo y sus condiciones convierte nuestra vida en una permanente zona de disconfort de la cual muchos nunca salen.
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